Bajo una carpa azul se esconde A. Una llave que abre la puerta al mágico mundo de Fele. En él una niña que siempre corre detrás de una pelota azul. Una bailarina, vestida de blanco que baila sobre una cuerda. Del centro de la carpa baja una maya blanca que envuelve a una pareja, envueltos en ella suben para quedar suspendidos en el aire, allí comienzan a danzar. Sobre el piso azul se encuentra una bicicleta y un monociclo, en cada uno hay un hombre, uno vestido de negro y otro de zafarí.
Se abre el telón rojo y de él sale un payaso acompañado de Pla. Un viejo sabio que comienza a contar las historias de cada uno de sus personajes. Cada palabra que declama sus labios es la entrada a mil mundos, pequeños cuentos que entre sus letras guardan mil sonrisas y sueños recogidos a través de las carreteras de España.
Acompañados por una banda recorren el mundo para dar y recibir pequeñas sonrisas y en especial para recordarnos que aún somos niños.
Pla se para al centro y comienza a decir:
Alguna vez fuimos niños. Con el pasar del tiempo olvidamos que éramos pequeños soñadores; ahora al ver cada una de sus miradas comprendo que aunque seamos viejos, porque lo somos, aún tenemos muy en el fondo de cada uno de nosotros un alma de niño que sólo espera salir de la oscuridad. Sí, simplemente un niño que soñaba con ser malabarista, un payaso o sencillamente ser parte del circo para conocer el mundo. Ahora el niño ha crecido convirtiéndose en cada uno de nosotros un viejo. Sí, unos viejos gruñones (bueno no todos, como yo o mi payaso), ustedes olvidaron qué era soñar despiertos con universos de fantasía, de ilusiones. Una imaginación que al entrar bajo una carpa azul emprende un vuelo de mil utopías. Ensueños que veo en las miradas de cada niño aquí presente, ellos que aún se maravillan con mis personajes, sus miradas perdidas reflejan el asombro, una sensación que alguna vez tuvieron ustedes. Chavales que quizás sueñan con ser uno de nosotros, sí, nosotros los que aún no hemos olvidado que aún somos ellos. Qué hermoso era perderse entre los universos que creaba nuestra imaginación y qué triste es ver que sólo recuerdan un poco de su niño en un instante que quizás sólo será para cada uno de ustedes un recuerdo del ayer.
Pla no te desilusiones. Quizás para algunos esto fue un simple recuerdo más, un instante de alegría. En cambio en otros dejaste una huella en el alma, una pisada que no se borrará, a pesar del viento, del sol y del tiempo.
Al salir de aquel mágico mundo encontré en mi alma a A, el principio de todas las cosas. Una llave de oro que guardo en lo más profundo de mí. Una llave que me lleva a un lugar mágico, perdido entre los sueños de un hombre. Un rincón que me permite soñar, divagar entre mi imaginación de niña, en donde me pierdo entre la música, historias, acrobacias, ilusiones y sueños. Ellos que aunque sean abstractos están ahí. Existen dentro de nuestros pequeños mundos. Un infinito que abstraigo de mi loca imaginación para dejarlo cincelado en una hoja blanca.
Una llave que al abrir la puerta me lleva al mágico mundo del Circo Gran Fele.
Lineza
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